6 ago. 2016

05: Ruido

05: Ya no hay nadie que hable bien de esta ciudad. Se ha vuelto casi imposible que una conversación no gire en torno a un descontento. Pero no es por esto de los quejidos que yo ya no vivo acá desde hace años, tal vez sí el motivo por el que hoy me preguntaba si de vivir acá sería parte de ese ruido quejoso del cual lo único que sale es siempre el mismo barro crudo en el que ningún sonido se anuncia. ¿Estaría aturdiendo -y aturdiéndome- si viviese entre estas cuatro paredes que no llegan a tocarse?, no lo podré saber nunca. 
Creo que sólo Hernán mantiene un entusiasmo cuando habla de Buenos Aires; a decir verdad, no sólo cuando habla. Según él es porque no le interesa la política, lo cual me lleva a pensar que en esta ciudad la política es un ruido hueco. En todo caso creo que por eso busco su compañía siempre que estoy en la ciudad, porque lo que a él le gusta es la música. Su gusto por la armonía del sonido lo mantiene joven de espíritu pienso cada vez que nos vemos, aunque esto no se lo digo, no sea que le revele el posible secreto de su alegría y entonces ya no me la pueda contagiar.

Ayer en la madrugada bajé a la calle a pasear al perro y a tomar un poco de aire. Al girar en la esquina me quedé un rato mirando cómo trabajaban unos tipos que entraban y salían desde una de esas alcantarillas de aguas sanitarias que hay en las veredas. Trabajaban bajo un silencio cómplice. Por otro lado están lo que actúan, pensaba mientras mi perro se volvía a verme desde la distancia, ellos están antes que las palabras. El aire de la noche era agradable y apenas pasaban autos por la Avenida Congreso. Sólo se escuchaba el susurro nocturno de la ciudad y el discurso de la acción.



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